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A no ser que me cojas…

Dicen que eres tonto cuando estas en un momento de tu vida en el que tienes que escoger entre algo que te hará mal o algo que te hará bien, y escoges lo que te hará daño. Entre iniciar una historia con un amor que sabes que es imposible o dejarlo correr porque sabes que te estás tirando al vacío sin paracaídas. Y tu coges y te tiras sin pensarlo.

Lo llaman locura también… y yo hace rato que estoy cayendo en picado.

El golpe dolerá.

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Decisiones

Que el dinero jamás decida sobre la vida o la muerte.

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El espejo

Ahora que empieza el verano, cada mañana sale al balcón para respirar ese aire veraniego que tanto le gusta. Mira hacia abajo, donde la gente siempre va con prisa. No se detienen ni un segundo a mirar a su alrededor, o a oler la llegada del buen tiempo. Solo corren, algunos para coger el autobús, otros para comprar el pan, otros para ir a por el coche, pero todos van deprisa. El tiempo es oro. 

Des de su casa parecen hormigas, pequeños seres que trabajan duro y no tienen tiempo para nada más, y mucho menos para mirar hacia arriba y observar que alguien como ella, una chiquilla, les está mirando de buena mañana. Trabajan duro y si alguno llegara a verla no tendría tiempo de analizar quién es o que hace aquí, porque están demasiado cansados, o tienen demasiada prisa para encontrar la respuesta.

Y cuando levanta la vista al edificio de enfrente, ahí está, como cada mañana. Siempre la mira y sonríe. Parece que hace lo mismo, observar, pero la observa a ella, y no a la gente de abajo. Es una señora mayor, de unos 90 años, desgastada, arrugada, de sonrisa cansada y pelo canoso. La chiquilla cree que la señora entiende lo que ve cuando mira a las hormigas, y parece que su sonrisa le anime a ser diferente, a ser la excepción, a valorar cada paso que da y a saborear cada rincón del mundo.

Cada día analiza con cuidado a la misteriosa señora. Le gusta inventarse sus posibles vidas, su posible nombre. Le gusta pensar que es una mujer que ha vivido al máximo, que ha sido muy feliz, que encontró muchos amores fallidos antes de dar con el bueno, y que durante ese camino aprendió el significado de querer a alguien. Puede que viajara por todo el mundo, o que tuviera una vida llena de éxito. Seguro que tiene hijos, nietos y algún bisnieto, y por supuesto habrá tenido animales, como mínimo un perro. Tiene cara de llamarse Ana, Alexandra, puede que Andrea.

En todo caso, le parece una mujer fuerte, a pesar de sus años, y satisfecha. Seguro que luchó hasta el final por conseguir sus sueños, y quizá por eso la mira así, con esa sonrisa de: ánimo, que tú también puedes…

La chiquilla levantó la mano para saludar a la señora, y como cada mañana, esta le respondió inmediatamente, como si sus movimientos estuvieran sincronizados con los suyos. Cogió las llaves para salir a la calle. Tenía recados que hacer. Bajó por el ascensor, aún pensativa y fascinada por la imaginación que tenía al especular con la vida de aquella señora.

Salió a la calle y empezó a andar a paso ligero. Antes de llegar al final de la calle adelantó a un grupo de ancianos que caminaban a paso tranquilo. Ella paró en seco. Se dio cuenta de que las únicas personas que caminaban a paso lento, observando y disfrutando de cada paso, eran las personas mayores. Miró hacia arriba, buscando a la señora de la ventana, pero no estaba.

Como si aquella señora no existiera. Como si nunca hubiera nadie al otro lado del edificio. Como si todo fuera fruto de su imaginación. Como si en vez de mirar a una señora, se mirara a ella misma, delante de un gran espejo y después de muchos años, y las especulaciones sobre la vida de la señora misteriosa, fueran en realidad sueños que aún esperan a ser descubiertos y alcanzados. Recordó la similitud con la que la señora la saludaba, utilizando el mismo brazo y al mismo tiempo.

Sonrió, se dio la vuelta, y continuó caminando…

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Escribir o no escribir…

Mucha gente me pregunta que por qué escribo. Me parece algo tan estúpido como preguntarle a alguien por qué fuma, o por qué respira, o por qué se viste cada mañana.

Claro que en un mundo donde es más importante vestir bien que obtener cultura no es tan extraño que me pre


Unos creen que lo
gunten por qué utilizo mi tiempo en escribir cosas.

hago por dinero, otros por la fama. Me hace mucha gracia, pues ni soy rica ni famosa, pero a pesar de ello sigo escribiendo.

 

Además, los escritores (la mayoría de ellos) no pueden vivir de sus creaciones. Solo grandes afortunados como Dan Brown, Mario Vargas Llosa, Laura Gallego, J.K.Rowling, Federico Moccia entre otros, han tenido la suerte de poder hacerlo, aunque a algunos les llegó esta oportunidad después de muchos años escribiendo.

La cuestión es que escribo porque lo necesito. Es algo similar a tus ganas de llegar a casa y sentarte en el sofá, esa sensación de descanso que se crea cuando tus pies no tocan el suelo, es lo mismo que siento yo cuando termino de escribir en el día.

Aunque a veces me juega malas pasadas, porque puede ser que esté a punto de quedarme dormida y aparezca esa imperiosa necesidad de redactar, y no me queda más remedio que despertarme, encender el ordenador o coger cualquier trozo de papel, y escribir.

Así que no es una opción, es una necesidad básica, por llamarlo de alguna manera. No es un pasatiempo que realizo cuando me aburro en casa, sino algo que me viene a buscar y me “obliga” a sentarme delante de la pantalla o papel y escribir.

Y me alegra sentirme así, porque escribir es la manera más bonita que hay de expresarse y de compartir, de dejar una bonita huella sobre tu vida y tu época cuando ya no esté.

Son las huellas que demostrarán mi existencia. Huellas imborrables de tu paso por el mundo.

 

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Querida amiga

Hola Jessica. El pasado 9 de Mayo con tan solo 22 años nos dijiste adiós. A tu familia, amigos, amores…

Tu has sido una parte de mi infancia. Compartimos tantas clases, tantas enseñanzas, aprendimos tantas cosas, tantas primeras veces. Siempre recordaré el día que me colgué de la portería de fútbol y tú me empezaste a balancear muy fuerte hasta que caí de morros contra el suelo. Me salió una llaga enorme en la lengua y me dolía hasta beber sopa. O todos mis cumpleaños que acaparabas la zona de baile saltando como una loca mientras sonaba la cantante Shusha de fondo, que tanto nos gustaba. Sales en todos mis álbumes de fotos. Qué tiempos aquellos…

Nuestros caminos se han separado, pero siempre serás una parte de mi infancia, igual que toda la clase del Ramón Muntaner. Esta clase ya no será lo mismo sin ti, Jessica. Solo espero que sepas que jamás te olvidaré, y que conservo cada momento vivido contigo como algo especial y bonito. Estés donde estés, cuídate.

Dejo el texto que leyó David Granado el día que te dijimos adiós:

Querida amiga, queremos darte las gracias por todos los momentos que hemos pasado junto a ti, por todas las sonrisas regaladas, por enseñarnos a luchar por lo que uno quiere, por estar ahí en lo bueno y en lo malo.
Nos sentimos unos privilegiados el haberte conocido y por haber compartido tantos momentos especiales con una persona tan maravillosa como tu.
Ha pasado todo tan rápido que nos hemos quedado con ganas de decirte tantas y tantas cosas…
Formas parte de cada uno de nosotros, siempre rodeándonos con tu optimismo, tus risas, tus historias..
Nada ni nadie nos podrá quitar el hecho de que has formado parte de nuestra infancia. Hemos crecido contigo y aprendiendo errores junto a ti, en definitiva, hemos aprendido a ser personas.
Entiende que escribirte esto no resulta nada fácil, sabemos que no te has ido del todo, que vas a estar siempre ahí, en nuestras charlas, a nuestro lado, en nuestras risas y llantos..
Sabemos que tu pasión era la música, y música se define como el latido de un corazón tan grande y tan fuerte como el tuyo, junto con esa voz tan dulce que nos hacia soñar cada vez que te escuchábamos.
Desde este momento, sabemos que tenemos un ángel ahí arriba, que nos va ha proteger y velar por todos nosotros.
Gracias por ser tu misma

Esto no es un adiós, es un hasta pronto, y hasta entonces cuidaremos de los tuyos

TE QUEREMOS.

 

Jessica González de Castro

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Después del final

Algunas veces, cuando era pequeña, solía pensar en que pasaría cuando muriera, donde estaría, con quien estaría. La verdad es que no tenia ni idea de lo que iba a pasar. Cada persona me decía algo diferente, y claro…, yo era una niña.
Hace unos días volví a repetirme por primera vez en muchos años esta pregunta…. Y obtuve mi respuesta.

Me imagino caminando, pero no estoy perdida, como me pasa muchas veces. No. Esta vez se a donde voy. Se a quien voy a buscar. Escucho nuestra canción. Y te veo. Te veo ahí, en nuestro sitio de siempre, esperándome. Y me ves. Ves que me acerco, y que te estoy buscando. Nuestras miradas se encuentran por primera vez en mucho tiempo, y todo vuelve a nacer. Me sonríes. Me muestras esa sonrisa que me vuelve tan loca, que me vuelve capaz de hacer cualquier locura solo por hacerte feliz. Y me miras, me miras con esos ojitos, tan brillantes, pero a la vez con miedo, miedo por sentir algo tan fuerte. Pero después de ese instante de miedo ves como mis ojos brillan al coincidir con los tuyos. Como si estuviera viva, y de repente todos mis miedos, al igual que los tuyos, se van. Me haces sentir especial, única, y me haces sentir que me quieres, como nunca antes habías querido a alguien. Cuando llego no puedo evitar acercarme a ti. Toco tu frente con la mía y espero a que tus brazos rodeen mi cintura, para yo comenzar a acariciarte. Me sonríes, te sonrío, y me abrazas con mas fuerza para evitar que me vuelva a escapar (si tu supieras que no hay lugar dónde yo quisiera estar en este momento). Y nos quedamos así durante horas, mirándonos, sin decir nada, tu con tus manos debajo de mi camiseta y yo acariciando tu cuello. Mis ojos y los tuyos se cierran, para dar paso a otros sentidos. Y de repente tus labios rozan con mucho cuidado los míos, como si fueran de cristal. Hasta que me besas. Y lo haces de esa manera que a mi tanto me gustaba, como aquel primer beso tan tierno. Y nos besamos durante horas, separándonos únicamente para decirnos como nos amamos, y lo idiotas que fuimos al no haber aprovechado el tiempo que tuvimos de vida.

Que dulce tiene que ser la muerte…

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