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Consejos para un escritor novel: la importancia del título

Os dejo el link aquí:

Consejos para un escritor novel: la importancia del título.

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Consejos de Stephen king para mejorar la creatividad en la escritura

No me enrollaré mucho, ya os voy a enlazar a la web yorokobu, (el enlace al artículo está abajo) que lo ha publicado. Solo quería decir que me ha encantado este artículo y que realmente tiene toda la razón del mundo.

Uno de mis fallos es la falta de rutina. Vengo de una universidad a distancia y de ser siempre conflictiva con el tipo de vida que llevamos actualmente, así que el termino rutina no está en mi lista de palabras que más uso. Por eso escuchar a grandes escritores decir que es más importante de lo que pensamos, le hace a una ponerse a pensar.

A partir de hoy intentaré ser algo más estricta con mis horarios, y no ir pululando de un lado al otro, aunque confieso que va a ser una dura tarea para mí, ya que me caracterizo por ser una chica muy dispersa. Pero oigan, si puedo sacarme una carrera a distancia, también podré con esto, ¿no?

Aquí va el artículo. ¡Disfrutad!

La creatividad, según Stephen King

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Para los nuevos novelistas

Os quiero enlazar al blog: La viga en mi ojo, que publicó un decálogo de Luis Murillo que creo que será de gran ayuda para nuevos escritores o gente que quiera empezar en ese mundillo tan complicado.

La verdad es que me dejó sorprendida ver que los métodos tradicionales realmente son bastante inútiles a no ser que tengas enchufe o, como dice Luis, ya seas famoso. Así que nada, habrá que seguir tirando por libre, a ver si nos sale el número de la suerte.

No os quiero entretener más, así que ahí va el enlace:

Decálogo, corregido y aumentado, para novelistas neófitos, por Luis Murillo

 

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Basado en hechos reales

Son las 11:35 del domingo. El escritor termina de lavarse los dientes y sale del hotel. A pesar de que está a pocos metros de la entrada del Retiro, aprieta el paso, temiendo llegar tarde. La firma comienza a mediodía. Su primera firma, su primera novela.

Mientras recorre las casetas del principio de la feria siente una punzada de miedo. La gente camina por el centro del Paseo de Coches, echandoocasionales vistazos a los libros, pero más preocupada en disfrutar de la mañana que en comprar. En ese momento el escritor recuerda lo que le ha dicho su editora. Que todo es muy difícil, que vender libros es cada vez más complicado, que la gente apenas pisa las librerías, que no hay dinero para cultura. Y el miedo se acentúa.

«¿Y si no viene nadie? ¿Y si me quedo sólo durante dos horas?»

Al llegar frente a la caseta, saluda al librero y dice su nombre. El librero le da la mano, con el ceño algo fruncido. Se nota que hubiese preferidotener a un curtido escritor de best sellers en lugar de a ese novato, pero no dice nada. Le indica que para entrar a la caseta tiene que darse la vuelta y entrar por detrás.

—No querrás dar un salto por encima del mostrador, ¿no?

El escritor se ruboriza y maldice entre dientes por esa clara muestra de inexperiencia. Rodea las casetas. Por la parte de atrás, todo es muy distinto. Pegada a los árboles, una hilera de paneles blancos salpicados de puertas abiertas, intentando captar algo de brisa. En el suelo, una docena de cajas de cartón vacías complica el acceso. El escritor tiene que pasar por encima de ellas, pisar algunas, intentando no resbalarse mientras esquiva las ramas de los árboles.

«Solo faltaría que me rompiese una pierna antes de empezar».

Se equivoca de puerta un par de veces. Cuando alcanza la suya está aún más nervioso y aún más aterrado.

—Siéntate aquí —le indica una joven.

La banqueta es alta y tiene una pata algo coja. Resuena firmemente contra el tablado cuando el escritor se encarama a ella. Frente a él hay dispuestas cuidadosamente veinte copias de la novela. El escritor sonríe, agradecido. Por encima de su cabeza, un cartel anuncia su nombre y el título. Por megafonía una voz va anunciando los escritores que están firmando, y cuando llegan a su nombre el escritor no puede evitar una oleada de orgullo. Poco importa que hayan pronunciado mal el apellido.

Ahora sólo queda esperar. El escritor no sabe muy bien qué hacer con las manos ni con la vista. Mira al frente, intentando descifrar qué piensan las personas que van pasando frente a la caseta. Alguno se para, se fija en la novela sin acercarse, y sigue caminando.

De repente, un hombre maduro se aparta del flujo de gente, mira a los ojos al escritor y se acerca a él con paso firme. El escritor se endereza y sonríe. El hombre sonríe también, se inclina sobre el mostrador y dice:

—¿Perdone, podría decirme cuánto cuesta la última novela de Dan Brown?

El escritor se revuelve, azorado. Quiere señalar la portada de su libro y el cartel sobre su cabeza. ¿Es que ese hombre no se da cuenta de que él es un autor? Pero todo lo que le sale es:

—Yo es que… no trabajo aquí.

Vuelve a mirar al frente, viendo cómo pasan los minutos. Cada vez hay más gente paseando, pero ninguno se acerca. De pronto una mujer que pasa frente a la caseta con su hija toma el libro del escritor en la mano. Lo mira con gesto serio. Le da la vuelta y comprueba el precio.

—Uy, qué caro.

El escritor contiene las lágrimas a duras penas. En la caseta de enfrente, un autor famoso tiene una cola tan grande que ha sido necesario instalar vallas y a un guardia de seguridad.

—¿Me firma el libro?

Allí, frente a él, está la visión más maravillosa del mundo. La primera persona que va a pedirle una dedicatoria. Es una señora de mediana edad, sonriente. El escritor le pregunta su nombre y escribe un par de frases afectuosas. Luego añade la rúbrica, sencilla pero elegante. Cuando le entrega el libro, apenas es capaz de musitar un gracias, porque tiene un nudo en la garganta.

Ha llegado la hora de marcharse. Viéndole desvanecerse en la multitud, nadie sospecharía que dentro de un par de años venderá millones de ejemplares. Poco importa. Nunca, ninguna de las decenas de miles de dedicatorias que firmará, podrá compararse a la primera vez.

 

Artículo de @JuanGomezJurado en ABC

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